9 may 2016

“ LOS OJOS CON LOS QUE SE MIRA “

“ LOS OJOS CON LOS QUE SE MIRA “

Una misma realidad  puede ser percibida de manera diferente dependiendo  de quién sea el observador: nuestra  personalidad, las inquietudes que tenemos, la sociedad de la que formamos parte, la educación que recibimos, las aficiones de las que disfrutamos, son factores que  van tamizando la  percepción de nuestro entorno.

Además  aquellos  que han sido tocados con la “varita “de la creatividad, escultores, pintores, poetas, creadores en definitiva, pueden  dar  una  visión totalmente novedosa, para el espectador al interpretar la realidad aparente y colocarla dentro del contexto de las ideas que viven en la mente del creador.

Pero qué duda cabe que diferentes  patologías oculares también  pueden influir en  dicha percepción.

Así, fijémonos en el pintor Claude  Monet (París, 1840 – Giverny,  1926), uno de los pintores que crean y definen el impresionismo y que es el exponente de la luz, la modernidad, y de la abstracción, así como de la adaptación a la enfermedad ocular que padeció.

El pintor, muy longevo, comenzó a tener problemas de visión por cataratas, durante el año 1908 en un viaje a Venecia, y percibió que los colores habían cambiado.  Él mismo en una carta  lo expone de la siguiente manera:

«No logro percibir los colores con la misma intensidad que antes. Los rojos parecen como lodosos, como rosas insípidos, y se me escapan los tonos   intermedios, pinto oscuro como en las pinturas antiguas y cuando comparo estos cuadros con mis trabajos anteriores me dan ganas de rasgarlos con la navaja».

Y efectivamente, la catarata modifica progresivamente la sensibilidad al contraste, la percepción espacial y la visión de los detalles, actuando como un filtro amarillo que aumenta la visión de los colores cálidos como los ocres y los marrones y que impide la visualización de los colores fríos, los azules y los violetas que tanto le  gustaba utilizar a Monet en sus cuadros.

Dado que solía pintar el mismo motivo repetidas veces a lo largo del tiempo, podemos comparar cuadros pintados antes y después de su enfermedad ocular, como los de la serie de puente japonés construido en su jardín del pueblecito de Giverny, sobre el estanque repleto de nenúfares que va a  ser   uno de sus motivos de inspiración principales.

CUADRO 1

Puente japonés versión de 1899: antes de padecer cataratas

CUADRO2

Puente japonés  versión de 1922 con cataratas

Las diferencias son evidentes, tanto en el colorido como en la forma.

En septiembre de 1922 Monet consulta con el Dr. Carlos Coutela que le diagnostica las cataratas y le indica el tratamiento quirúrgico del ojo derecho. Monet no era un buen  paciente y temía operarse pero finalmente  acongojado   por   sus   “obras tenebrosas  plagadas de marrones, decidió hacerlo. En enero de 1923 se le realiza la   intervención quirúrgica del ojo derecho en una  clínica de Nevilly en dos sesiones, en la primera se le realiza una iridectomía, reflejándose como incidencia un vómito. En una segunda  se realiza la extracción extracapsular de la catarata.

Su oftalmólogo  el Dr. Coutela  refleja en su hoja quirúrgica:

«Después de la iridectomía y con sólida protección de una largo puente conjuntival (que ahorra la sutura), procedí a extraer la catarata del ojo derecho   con aspiración de masas tan completa cómo fue posible. Esa misma noche se había vuelto a formar la cámara anterior; esto fue para mí un gran alivio».

En el  postoperatorio  Monet estuvo en  reposo absoluto  durante  diez  días  y a las  tres semanas regresó a Giverny con la prescripción de unas gafas provisionales para la afaquia.

El 17 de junio de 1923 y por una nueva disminución de la agudeza visual hubo que realizarle una capsulotomía quirúrgica, que se hizo en su casa de Giverny. Tras la intervención, el pintor se quejaba sobre todo de las aberraciones cromáticas y distorsiones esféricas del cristal del ojo afáquico y de que la nueva visión  lo invadía  de “colores exagerados y terroríficos”.

Se le prescribieron las gafas definitivas  de +14 dioptrías -7 cilindro  en el eje vertical en el ojo derecho, y sin corrección con cristal tintado opaco en el ojo izquierdo (en aquella época no existían las lentes intraoculares).

Al contrario que en la catarata, donde el cristalino opacificado  dificulta la absorción de pequeñas longitudes de onda,   en la afaquia se potencia el espectro azul produciendo una percepción azulada llamada cianopsia y ésto queda de nuevo reflejado en la versión del puente japonés de 1926.

Aunque el pintor tardó tiempo en percibir bien los colores y nunca aceptó operarse del otro ojo, volvió a ver de nuevo con su gafa de afaquia, entrando según sus propias palabras “en una segunda juventud “hasta su muerte.

CUADRO3

Puente japonés versión de 1926 con la corrección de afaquia

Así pues  ésta es una  demostración  de que la realidad depende  “DE LOS OJOS CON LOS QUE SE MIRA“ y no solo en su sentido figurativo.

Dra Martín

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