La importancia del diagnóstico precoz

El glaucoma es una enfermedad silente, es decir, el paciente no nota ningún síntoma. Excepto en los casos de glaucoma agudo, mucho menos frecuente, no se siente dolor ni sensación de presión ocular.

El glaucoma afecta al campo visual y no la agudeza, por lo que no se percibe pérdida de visión en las fases iniciales, pues como los defectos de campo visual son inicialmente periféricos, son indetectables. Por esto es fundamental realizar un diagnóstico precoz, que esté encaminado, junto con el tratamiento, a evitar o enlentecer al máximo la progresión del glaucoma. El daño que se haya producido en el nervio óptico en el momento del diagnóstico es irreversible.

De ahí la importancia de hacer revisiones oftalmológicas periódicas, sobre todo cuando existe algún factor de riesgo. A partir de los 40 años, sobre todo si existen antecedentes familiares, es aconsejable realizar una revisión oftalmológica anual.

Glaucoma - ¿Cómo se puede prevenir?

El diagnóstico se realiza atendiendo a distintos indicadores, aunque en algunos casos llegar a un diagnóstico certero no sea tarea fácil en las fases precoces de la enfermedad.

Son de alta sospecha diagnóstica la presencia de:

  1. Presión intraocular (PIO) alta. No obstante, existen pacientes con presión intraocular normal que padecen glaucoma y en los que hay otros factores causantes de la enfermedad, y también existen pacientes con hipertensión ocular que no tienen glaucoma. Sin embargo al ser la alta presión intraocular, el principal factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad, se debe revisar periódicamente este grupo de pacientes.
  2. Determinados hallazgos en el segmento anterior del ojo, como la presencia de excesivo pigmento u otros materiales de depósito (por ejemplo material pseudoexfoliativo), vasos anómalos en el iris secundarios a trastornos vasculares, configuraciones especiales en la disposición del iris, inflamaciones, etc…
  3. Aspecto sospechoso del nervio óptico: el glaucoma genera un aumento en la excavación del nervio óptico, aunque este signo no es exclusivo del glaucoma.

El oftalmólogo debe cotejar todos estos datos clínicos. Para llegar al diagnóstico de la enfermedad es de vital importancia apoyarse en algunas pruebas diagnósticas, imprescindibles en el diagnóstico precoz y en el seguimiento de la evolución de la enfermedad. Las pruebas más habituales y de mayor eficacia son:

  • La perimetría o campimetría computerizada (campo visual): Con la campimetría computerizada analizamos el estado del campo visual del paciente y podemos ir comparando en el tiempo si éste se deteriora o, por el contrario, se mantiene estable, es decir si la enfermedad progresa o no. Es una prueba no invasiva e indolora, que aporta una información funcional muy valiosa.
  • La tomografía de coherencia óptica (OCT) de la capa de fibras nerviosas de la retina: esta prueba nos aporta información estructural acerca del daño que se produce en el nervio óptico. Tiene la ventaja de que detecta cambios estructurales de forma más precoz que la campimetría, por lo que es una herramienta muy útil en las fases iniciales de la enfermedad. Igualmente es una prueba no invasiva e indolora.

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