El objetivo del tratamiento es preservar la función visual de los pacientes, mejorando en lo posible su calidad de vida y evitando el avance de la enfermedad.

Como ya se ha reseñado, el tratamiento no consigue recuperar el campo visual perdido en el momento del diagnóstico, pero si que permite evitar el avance de la enfermedad y conservar la visión.

Existen diferentes formas de tratamiento que han sido diseñadas para ralentizar o frenar el daño causado por el glaucoma en el ojo. En la actualidad, el tratamiento se basa en disminuir la presión intraocular, que es el principal factor de riesgo. Podemos bajar la tensión del ojo mediante fármacos (básicamente colirios), procedimientos con láser (trabeculoplastia, iridotomía) o procedimientos quirúrgicos (trabeculectomía, cirugía de esclerectomía profunda no perforante o válvulas).

1. Colirios

Los colirios rebajan la presión intraocular ya que hacen descender la cantidad de líquido que produce el ojo o ayudan a que el líquido abandone el ojo con mayor facilidad.

Por esta razón, el tratamiento comienza con colirios hipotensores en el momento en el que se diagnóstica el glaucoma, sobre todo cuando el daño no es avanzado. El objetivo del tratamiento con colirios es conseguir una adecuada reducción de la presión intraocular, que consiga estabilizar la enfermedad con los mínimos efectos secundarios posibles. Una de las claves del éxito del tratamiento es el adecuado cumplimiento del mismo por parte del paciente.

2. Tratamientos Láser

Los procedimientos con láser Argón pueden rebajar la presión ocular, al evitar el bloqueo que se produce en los mecanismos de drenaje del ojo, facilitando así la salida del líquido intraocular hacia el exterior (trabeculoplastia). Esta técnica pierde eficacia con el tiempo, por lo que no resulta de gran utilidad en los pacientes más jóvenes.

En algunos casos, el láser se utiliza para crear nuevos canales de drenaje en el interior del ojo, cuando hay alguna obstrucción al flujo normal de fluido, mediante la realización de un pequeño orificio en la periferia del iris (iridotomía). Muchas veces se realiza como tratamiento preventivo en ojos pequeños, para evitar el glaucoma agudo (subida brusca de presión intraocular con riesgo alto de ceguera).

Glaucoma - ¿Cómo se puede prevenir?

3. Tratamientos quirúrgicos

Los procedimientos quirúrgicos rebajan la presión intraocular creando una apertura en la pared del ojo por la que el líquido intraocular puede salir con facilidad.

Se indican cuando el tratamiento con fármacos no es suficiente y la enfermedad avanza, con el consiguiente empeoramiento del campo visual.

Hay varios tipos de cirugía:

La trabeculectomía:

Es la cirugía clásica, y es una intervención perforante, es decir, establece una comunicación entre la parte interior del ojo y el exterior del ojo.

La Esclerectomía Profunda No Perforante (EPNP):

Es la técnica que tiende a desplazar a la trabeculectomía porque consigue un adecuado control de la presión intraocular, disminuyendo el riesgo de complicaciones postquirúrgicas, al no perforar el ojo. Con esta cirugía se consigue un aumento en la filtración de humor acuoso, gracias al uso de un pequeño implante, para asegurar que no se bloquea la vía de drenaje. Con esta técnica se reducen los riesgos durante y después de la cirugía.

Implantes (Express, valvulares):

Es otra opción quirúrgica que suele reservarse para pacientes que no han respondido adecuadamente a las anteriores técnicas. Se trata de dispositivos que se implantan en el ojo y canalizan y facilitan la salida del líquido de dentro del ojo hacia fuera. Estos implantes son muy útiles en casos especiales de pacientes que ya han sido intervenidos previamente de glaucoma y es difícil volver a plantear otra cirugía.

El elegir una técnica quirúrgica u otra depende del tipo de glaucoma, de la evolución de la enfermedad, de la eficacia previa de otros tratamientos, etc. El oftalmólogo decidirá cuál es la más pertinente en cada caso.

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